ApologÃa de las PERSONAS
Tags »Acabo de volver de Donostia de celebrar la fiesta de Santo Tomás. Me lo he pasado fenomenal, aunque uno no se para todo lo que quisiera con todo el mundo. Me ha alegrado veros a muchos y pena por no haber podido estar lo suficiente con otros.
Nos acercamos al 2008, y al llegar a casa el dÃa de hoy me ha vuelto a pedir reflexión, reflexión sincera y seria con uno mismo a raÃz de veros. Reflexión como las que uno lleva haciendo de vez en cuando los últimos tres años. De las que sirven para pensar en uno mismo y en los que uno realmente aprecia y quiere.
Hoy he visto bastantes personas que conozco a nivel profesional. Parece que las fiestas populares sirven para ello y más en estas fechas. “¿Qué tal?”, “¡Cuánto tiempo!”, “¿Cómo te va?”… alguno incluso un saludo y ei! a ver si estamos. He visto gente a la que aprecio y admiro en diferentes grados. Gente con la que he trabajado estos años o incluso la que trabajo actualmente. Uno sabe de la importancia y el peso que tienen las personas en la vida profesional. Vida profesional, que al final es parte de la vida y no algo vanal. En definitiva, ya sabemos el porcentaje de horas de nuestra vida que transcurren en el apartado profesional. Los vÃnculos que te unen a esas personas con las que te siente a gusto, cómodo y con las que notas que hay una especial quÃmica.
Por fortuna he visto y conocido mucha muchas personas en mi medio. Miras atrás y es asÃ. La mayorÃa de los individuos (uno a uno) han sido personas con las que merece la pena convivir. Muchas de ellas muy interesantes. Algunas de ellas se han ido convirtiendo en amigos de los de verdad. Estoy orgulloso de ellos. Qué le voy a hacer. Soy de los que prefiero tener 4 amigos buenos que 1000 mediocres y prefiero concentrar mi esfuerzo personal en esas pocas personas. Es cuestión de preferencias. Unos cuantas de ellas han sido personas que de uno u otro modo han sido imprescindibles para mÃ, como compañeros/as y como personas. Hemos crecido profesionalmente y también personalmente. Sobre todo aquellas con las que uno se sienta codo con codo. Imprescindibles en momentos donde el trabajo o la vida han necesitado de una amistad real. Personas que no fallan. Con ellas he convivido y el vÃnculo ha sido y es algo hermoso. Algo que tiene un valor impagable. Tranquilos, la vena navideña y el alcohol no me han afectando. Estoy de reflexión ante el teclado aporreándolo tal cual me salen las palabras. Si sale visceral, pues eso, visceral.
Llevo unos cuantos años trabajando y el transcurso del tiempo te enseña muchas cosas. También lo hacen las personas con las que te topas entremedias. Con el tiempo y la evolución personal/profesional, algunas de las cosas aprendidas las desechas, te das cuenta de que son un error y actualizas tus conceptos e ideas. Otras permanecen. Entre ellas está LA IMPORTANCIA de LAS PERSONAS. Algo que parece en desuso en el ámbito profesional.
Y no, no quiero entrar a hacer un discurso conocido, algo repetido como una perorata aburrida, errante e incluso patética. Me he cansado de ser un pequeño Fidel Castro sobre un atril. Me aburre de mi mismo ya predicar, protestar, pataletear, llorar por ciertas cosas. No vale de nada y me veo patético cuando me veo desde fuera. Hay cosas que no están en manos de uno mismo y no se pueden controlar. Es asÃ. Hay que asumirlo a la fuerza.
Cuando se habla de personas en el ámbito profesional, a veces oigo a gente que habla de ellas con la barata superficialidad de quien ha leido un libro de gestión de empresa y recursos humanos, pero no llega más allá. No vale de nada. El pseudo-comprometido discurso de un directivo diciendo aquello de todos los que conformáis esta empresa nuestra sois importantes
suena forzado cuando los empleados que lo oyen no perciben eso en el dÃa a dÃa. La sinceridad y el compromiso hacia las personas no se resume en una frase de ese tipo. Esa frase no otorga redención alguna para el que la dice.
Cuidar de las personas supone acercarse a ellas, escucharlas y actuar según lo escuchado. Porque, amigos, escuchar no vale de nada si lo que se hace es oir. Oir no es escuchar. Entender no es cuidar. Cuidar es entender y actuar. Y cuidar es beneficioso en todos los sentidos.
Me pesa mucho haber ido perdiendo ciertas personas en mi vida profesional. Estoy harto, harto de perderlas. Es una tortura. Es una puñalada periódica. Hoy al ver tanta gente con la que he convivido las cicatrices de todas esas puñaladas me han dolido una a una. Si alguien no comprende esto es porque no ha querido lo suficiente a esas personas. Quizá hay que convivir codo con codo para quererlas y es una condición sin equanon para comprender esto. Eso debe ser. Han sido muchas horas conviviendo, y aunque no con todo el mundo con el que estás codo a codo te deja huella, hay algunas que sà lo hacen y mucho.
Cada hueco que ha sido dejado por esas personas ha sido rellenado por otras que han ido llegando a mi entorno laboral. Pero nadie es sustituible en el corazón de uno. Ahora que la diferencia de edad que tengo con los sustitutos que van llegando es mayor, mayor es la distancia que también me separa de ellos. A nivel profesional los conocimientos que uno va adquiriendo han ido en aumento afortunadamente. La madurez personal/profesional también. El nivel de compenetración, comprensión en base a la evolución, etc. que iré teniendo con los jovencitos que poblarán los huecos de las puñaladas con este abuelo profesionalmente prematuro irá reduciéndose hasta hacerse abismal e insufrible. Durante un tiempo la satisfacción de enseñar y ayudar a crecer profesionalmente a gente nueva me llenaba a nivel personal. Ahora simplemente me cansa empezar de cero, aunque siga haciéndolo encantado.
Vuelves a repetir patrones, situaciones, problemas. En la gente ves el mismo tipo de objetivos cumplidos y frustrados, ilusiones y desilusiones, evoluciones e involuciones, y también vuelves a ver gente irse. Estoy ciclando. Esto se ha convertido en el “DÃa de la marmota” y me siento como Bill Murray. La paciencia ante situaciones repetidas se agota. Te vuelves arisco, sientes impotencia y dolor. Uno se acostumbra a ver gente ir y venir. Pero uno no se acostumbra a ver a personas irse. A veces me he autoengañado pensando que sà me habÃa acostumbrado, pero no, sinceramente no.
Cuanto más grande es una empresa más pequeñas son las personas. Se convierte en un tránsito de gente (recursos humanos deshumanizados) con nombre, pero sin él. Las relaciones laborales a gran escala son difÃciles de cuidar, pero no se han de descuidar. Gestionar recursos humanos implica humanidad. Acercarse, escuchar y actuar. Cada persona se ve afectada en su devenir laboral diario por sus logros y frustraciones, sensaciones positivas y negativas, problemas personales y laborales, etc. y todo ello ha de ser gestionado eficazmente. La llamada “inteligencia emocional” existe y se debe hacer uso de ella.
No soy un lobo solitario. Me gusta el trabajo en equipo. Me gusta la quÃmica y las sinergias que surgen del trabajo con las personas. Me gusta crecer junto a las personas. Me gusta la familia profesional. Me gusta disfrutar de las victorias y de las derrotas con las personas que quiero y aprecio. No me gusta observar el silencio de sillas vacÃas y perder a los que considero familia profesional. Si te preguntabas cómo entiendo las relaciones laborales creo que es asà como las entiendo: con las personas. Afortunadamente esas personas están ahÃ, en otras empresas, por cuenta propia, etc., pero se echa en falta ese contacto y trabajar a diario codo con codo con ellas. Ese nivel de entendimiento, sinergia y complicidad son impagables. En fin, que parece que si Mahoma no va a la montaña…
Alguno dirá aquello de “ley de vida”. Yo solo digo que nada ocurre de casualidad. Que las personas son importantes y que es cuestión de preferencias. Hay cosas que pesan en la vida profesional de uno. El sueldo, las condiciones laborales, la estabilidad laboral, la proyección personal y profesional, los proyectos, los objetivos que uno tenga, etc. Todo ello es importante y pocas veces todas se ven bien cumplidas. Pero de esa lista, que podrÃa contener más cosas probablemente, falta una que pesa realmente: el equipo de personas. Con el tiempo uno se da cuenta de que debiera ser una preferencia importante, por encima del miedo a carecer de otras preferencias.
Aprovecho para decir que me parece importante que existan las personas con nombres. Sobre todo, en las grandes organizaciones. Algún libro que estoy leyendo asà lo parece evidenciar. Estar a la sombra, no figurar y ser una oveja de un rebaño es triste. Decir que se es importante en una organización, pero no ir más allá no dice mucho de lo orgulloso que se supone que deberÃa estar la organización del individuo. Algunas organizaciones pequeñas demuestran el orgullo de tener a ciertas “personas profesionales” en su “familia laboral”. Y es por ello por lo que conocemos a muchos de los integrantes de tal familia. Uno a uno son importantes. Y cada uno de ellos lo sabe, lo nota, lo presiente cada minuto que pertenece a esa organización. Se es alguien importante en esa familia. Y en la vida es importante ser alguien tanto a nivel profesional como personal. Existir, respirar y sentir que uno está vivo para sà mismo y para los demás. También por sà mismo y por los demás.
Quizá esta reflexión no me sirva de nada o quizá sÃ. Ojalá que sÃ.
Va por aquellas personas a las que echo en falta.
Feliz Navidad y espero que estemos más cerca en 2008.
Información:
- Fecha:
- 22/12/2007 2:25 AM
- Categoría:
- Reflexiones
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