La relevancia del individuo frente a la masa anónima

Cada vez que acudo al website de una agencia de publicidad o estudio gráfico suelo entrar directamente al apartado ‘portfolio’ para ver la calidad de los trabajos. En un primer vistazo decido si me merece la pena o no seguir visitándolo. Lo hago así porque opino que en gran medida lo que hacen les define como profesionales.

No hay dos tortillas iguales

Pero no es cierto. Lo que hace profesional a una empresa también es la capacidad de sus personas, los valores de éstas, su cultura y experiencias en una mezcla única; una mezcla que se enriquece con el aprendizaje mutuo entre éstas. Todo ello hace que den como resultados esos trabajos. Con personas diferentes, los resultados serán, en consecuencia, diferentes. Es como hacer la tortilla de patatas. Hay innumerables maneras de hacerla dependiendo de la mano del cocinero, los tiempos de fritura/cocción, ritmo de batido de los huevos y la calidad de éstos, tipo, corte y tamaño de las patatas, etc. Por lo tanto, queda claro para mí que una empresa es en gran medida sus propios empleados.

Existo, luego pienso

Por ello, me entristece cuando en el apartado “Nosotros”, “¿Quiénes somos?”, “El estudio”, etc. se hace referencia a tales personas y no figuran ni con nombre ni foto. Se cita a “los empleados” con adjetivos que se refieren a éstas como las más preparadas, las mejores, con largos años de experiencia, etc. dando igual quiénes están, hayan estado o quiénes vendrán. Como decía, sobre todo me fastidia cuando esas personas no salen y me alegra cuando lo hacen. Me alegra cuando figura el nombre, la foto, cómo son y qué son, etc. porque realmente se aprecia la importancia del individuo, de cada individuo.

El hecho de tener una identidad y sentirse parte de una empresa debería traer consigo el asumir que la empresa te considera parte importante de sí. Debería uno estar orgulloso de la empresa donde trabaja y la empresa orgullosa de uno.

Ya sé que es una pataleta, simplemente una lanza rota a favor de los muchos profesionales que trabajan a la sombra de una marca sin nombre, ni forma ni protagonismo alguno. Una buena manera de morir como profesional.

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